El cuidador de Orquídeas

Me dijiste que cuidabas orquídeas. Al principio no me lo creía. No podía imaginar que hubiera alguien con paciencia y ganas de hacer crecer a una flor tan complicada. Me equivocaba. La paciencia y las ganas de cuidarla no son las responsables de que una planta así se haga alta y hermosa. Es el amor. Si yo fuera una orquídea, seguramente esperaría ansiosa el día para desperezarme con el sol que te brilla en la cara. Me esforzaría por tener las hojas tan verdes como tus ojos, y devolverte siempre la sonrisa. No soy una orquídea. Pero me pregunto si querrás seguir cuidando una margarita con la misma delicadeza que a una flor tan exótica. Creo que ahora lo entiendo todo. No se trata de llamarle orquídea a una margarita, sino de llamarla por su nombre, y quererla como a una orquídea… Las flores más bellas no son siempre las más bonitas, sino las que resisten el invierno sin marchitarse, y cumplen su función durante todas las estaciones del año.

Sin saltar mis lágrimas, me has regado tanto en tan poco tiempo que a veces pienso que a mi lado has plantado habichuelas mágicas. He crecido mucho, y pronto tocaré el cielo. Así podrás subir “de penca en penca, de flor en flor” como en los cuentos que tanto nos gustan. Solo que los finales felices no sólo aparecen en los cuentos. A veces también se luchan en el mundo real.

Gracias por borrar las curvas del camino y ayudarme con las autopistas 😉

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2 thoughts on “El cuidador de Orquídeas

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